Javier Rodrigo

Entrevista a Javier Rodrigo Miembro del colectivo Artibarri. Diciembre de 2007. En este vídeo Javier Rodrigo afronta el concepto de barrio desde una mirada deslocalizada y orientada a proyectos donde la confluencia entre arte y dinamización social se encuentran. Se debate sobre la funcionalidad del arte al servicio de una comunidad y reflexiones entorno los niveles de interacción y negociación que se pueden o deben establecer en las prácticas artísticas y el contexto local.



Relación de temas
Arte y Barrio | Cambiar las estructuras | Contextualización de los proyectos | Proyectos de referencia | Arte comunitario | Nuevos roles del artista | Proceso y visibilidad | Negociación | Victimización de las comunidades | Pertenencia al Barrio | Identidad de barrio | Negociar a nivel de red | Políticas de identidad caducas | Relación bidireccional entre arte y comunidad | Necesidad de generar un nuevo vocabulario | Concepto de Mediación | Concepto de Negociación


Javier Rodrigo

Arte y Barrio

Como vinculación de arte y barrio yo creo que hay dos puntos esenciales o dos problemas que se están dando mucho. Por un lado la vinculación del artista con el barrio, que muchas veces no se tiene en cuenta, y curiosamente, por otro lado la vinculación del barrio con el artista, que es como una especie de tensión y un toma y daca. ¿Qué pasa? Que nos encontramos en una situación en Barcelona, sobretodo en determinados barrios, donde se produce el fenómeno “ovni”. El artista aterriza y la vinculación se va negociando, se va construyendo. Pero no hay una vinculación previa o es bastante artificial. Viene dada por programas muy generalistas podríamos decir, por algún tipo de proyecto cultural, como puede ser en barrios periféricos tipo la Mina, Trinitat, o como ha podido ser Poble Nou.
Y luego también hay aquellos barrios que buscan desesperadamente un artista que les salve o que les de una cierta representatividad.

Articulación de lo local y lo global
Yo creo que son como dos problemas que son como muy atenuantes y que no se acaban de resolver o de articular. Y yo pienso que lo que se tendría que hacer desde el principio es todo lo contrario, es articular propuestas intermedias donde haya artistas que estén vinculados con el barrio y también haya barrios que estén vinculados con una gobernación más general o más global, de tal forma que ni se caiga en lo localista de que esto es mi barrio y sólo trabaja la gente del barrio, pero tampoco se caiga en una acentuación muy generalista, de que lo general determina lo que ha de ser en cada barrio y se pierda el contacto mas cercano a la gente incluso. Y a partir de esta tensión lo que habría siempre que ver una doble negociación o trabajo bidireccional entre lo local por un lado y lo global o lo general. Y no dejar que lo local acabe siendo un particularismo, “como es de barrio ya vale”, pero tampoco dejar que lo global, “como es un artista internacional y tiene cierto tipo de trabajo y problemáticas que trabaja, también es válido”, y precisamente negociar estos dos puntos como intermediación, que yo creo que en el fondo es, repolitizar por un lado lo cotidiano, podríamos decir, y por otro lado politizar y humanizar lo que es lo más global y las instituciones y a partir de ahí encontrar los puntos de encuentro. Esto, claro, es lo más complicado porque requiere mucho trabajo de negociación por parte de los barrios, las plataformas vecinales, incluso los planes de barrio, los planes de entornos socioculturales, ciudad educativa etc. Y por otro lado un nivel de negociación también muy potente con las instituciones culturales o con aquellos representantes o agentes culturales que denominamos artistas. Y este es el punto de confluencia. Por lo tanto no estamos hablando de una intervención mínima de un mes o dos meses , entre comillas, sino de un proceso articulado y de negociación política de seis meses, de un año e incluso de cinco años.

Cambiar las estructuras
Yo creo que siempre tiene que haber un objetivo político, y es cambiar las estructuras tanto sociales como culturales en las que trabajan los barrios. Pero al mismo tiempo también cambiar las estructuras culturales donde la institución cultural quiere trabajar con los barrios. ¿Qué pasa? Que si los objetivos no están negociados desde el principio, y no se sabe muy bien que dimensiones se comprendan al trabajar al trabajar tanto artistas como comunidades o barrios, puede parecer que en determinadas ocasiones parece que los beneficios van mucho más para un artista ó van mucho más para una comunidad. Por lo tanto la pregunta sería ¿cuales son nuestros objetivos?, ¿qué es lo que queremos conseguir con nuestro proyecto y cómo afecta a las diferentes dimensiones?, y las diferentes dimensiones no es sólo la cultural o la del barrio, si no es la social, es la económica, es la del capital incluso inmaterial, la de difusión, incluso la dimensión pedagógica: qué aprende el barrio del artista, pero, qué aprende el artista del barrio también.

Contextualización de los proyectos
Y obre todo que los proyectos sean muy contextualizados, que se sepa por qué se hace esto y que beneficio se tiene. Que no haya un previo de: porque ponemos un artista que hace un video documental o hace un mural de fotografías, o hace una performance en la calle reivindicativa, ya hay una transformación social. Esta alquimia yo creo que ya no es tan directamente proporcional y ya no sucede. Y lo que habría que ver realmente es analizar estos proyectos paso por paso y sus consecuencias tanto con el barrio como, insisto, con lo que aprende el artista, con que proceso de aprendizaje se queda después. Es decir, los agentes del barrio han podido negociar trabajando, han aprendido metodologías artísticas, han aprendido a negociar con instituciones culturales, han aprendido se si mismos gracias a la mirada del artista. Eso sería por una parte y por otro lado podría ser: y ¿qué ha aprendido el artista o la institución cultural?, ¿ha aprendido a trabajar más?, ¿ha aprendido a localizar las problemáticas con la gente?, ¿ha aprendido de otros agentes educativos o sociales? Lo que a mí me interesa es la dimensión pedagógica. Pero pedagogía no entendida como la interrelación de persona con persona, sino pedagogía entendida como el aprendizaje político que hacen las instituciones y hacen los barrios. Qué es lo que aprendemos después para que el año que viene, si hacemos este proyecto o si volvemos a trabajar con un artista o a contratar a un artista, podamos mejorar el proyecto, tanto de cara al proyecto cultural como de cara al proyecto ,si queremos, más social o más de barrio.

Proyectos de referencia
Creo que ha habido un proyecto interesante que puede ser el Community Poster Project en la década de los ochenta, ochenta y uno ochenta y dos hasta noventa y tres. Más que trabajar con el artista, habría que hablar de grupo de artistas, o incluso de trabajadores culturales. Loraine Leeson y Peter Dan empezaron este proyecto y trabajaron diez años. Ellos aprendieron que no tenían que presentarse solo como artistas si no como algo más, como agentes sociales, como agentes políticos, incluso como educadores, como personas. Y aprendieron también que lo que se necesitaba hacer no era tan sólo una intervención autónoma de un artista, si no crear estructuras, plataformas donde convergiesen los artistas, con los educadores, con los representantes comunitarios, y que eso afectase como una plataforma, como un lobby, o como un think tank, como se dice ahora a las políticas. Ellos trabajaron diez años para ir construyendo esa plataforma. Por lo tanto su proyecto si que tenía una visibilidad, hacían pósteres comunitarios gigantescos donde recibían y recuperaban todas las luchas sindicalistas, pero al mismo tiempo estaban construyendo una estructura política que era “The art for change”, donde se daba trabajo y se formaba a otra gente precisamente en fotografía, en trabajo comunitario, en diseño. No sólo hacían una intervención, si no que creaban un espacio de encuentro donde diferentes intereses tanto políticos, culturales como sociales, digamos que confluían.
Me parece muy interesante porque al final de ese proceso se incorporó mucha gente nueva, por ejemplo abogados que ayudaban con lo que era la gestión de los derechos de autor, gestores o gente que trabajaba más el aspecto económico para ayudar tanto al proyecto cultural como al proyecto de los barrios. Entonces yo creo que cuando este tipo de cruces se van haciendo, no sólo aprende el barrio, también aprende el artista, y entonces, claro, ya hay una amalgama de gente en la que no podríamos hablar de los artistas, si no que se hablaba del proyecto donde se incluían los diferentes artistas.

Arte comunitario
Lo que entendemos por arte comunitario, que en otros contextos se ha llamado arte social, arte comprometidamente social, o incluso en otros contextos, mediación cultural, no es sólo la intervención de un artista con unas personas, a nivel intersubjetivo o a nivel físico de que dejo esta obra de arte en la calle como una obra de arte público que interacciona, si no que también ha habido un trabajo de política cultural que no se ha analizado desde este punto. Es decir, cuando un artista en los años sesenta o setenta reivindica como puede ser Gerrilla Girls, o todo el movimiento activista de Act Up , en la calle, en New York, los derechos por los afectados por el virus del HIV , no sólo está haciendo una acción física, si no que está cambiando todo una política institucional de cómo se debe de trabajar a través del arte y como se debe trabajar a través de lo social, y yo pienso que eso nunca lo vemos. Lo que sucede es que siempre detrás se crea una especie de política cultural que no está explícita, nadie va con un cartel diciendo esta es mi política cultural, pero si que hay una subvención, si que hay después unos dineros, unos presupuestos o unos comités que deciden que artistas se ponen en cada sitio . Yo creo que las transgresiones no tienen tanto que ver con el hecho de poner la obra en un lugar, si no de ver que circulación produce esta obra como un objeto o como un artefacto cultural en relación a las culturas y a las sociedades que hay, y cómo esto cambia la institución arte. Yo creo que ahí es donde se debería analizar, no tanto la idea de que fue muy transgresivo porque , yo que se, echaron sangre a la calle o porque ocuparon un espacio, si no fue muy transgresivo porque gracias a eso y a eso, se consiguió ver que la labor de un artista también podía estar en una comunidad, o se consiguió ver que los artistas también tenían derecho para trabajar laboralmente, sindicarse y poder acceder incluso a bolsas de trabajo dentro de educación. A mi es lo que me interesa y yo creo que ahí está el trabajo o la visión política del trabajo del artista en comunidad.

Nuevos roles del artista
Yo creo que no sólo deberían funcionar, si no que ya ha habido modelos o ejemplos donde ya han funcionado pero debido a nuestra historia dentro de lo que es la historia de la cultura y de las políticas culturales que se han hecho en España no se han tenido en cuenta como proyectos artísticos, o se han querido tapar para que determinadas instituciones culturales sean los únicos estandartes que parece que promueven estos proyectos. Con esto quiero decir que muchas iniciativas socioculturales y de carácter activista durante los años ochenta, algunas incluso vinculadas desgraciadamente mucho a las iglesias o a los esplais, si que tenían estas plataformas lo que pasa que nunca hubo un reconocimiento cultural.
Yo creo que ahora está en un momento de cambio en el que muchos artistas por su formación se están dando cuenta que realmente pueden repercutir en el contexto social trabajando con redes y que realmente podrían reinvertir o trabajar de una forma mas crítica a la ley de barrios. El problema es que dentro de la ley de barrios las instituciones mismas no salen del típico rol del artista, y se suele pensar que el trabajo artístico o la práctica artística está relegada a construir objetos que se expondrán dentro de un espacio blanco o dentro de un museo, y cuanto se conocen determinados proyectos artísticos parece que son muy maravillosos y todo el mundo quiere llevarlos a cabo como una importación :” mira esto que se hace en New York” o “ mira esto que se hace en Londres” o “mira esta gente de Australia que tienen determinada marca, todos tenemos que hacer esto”. Yo creo que lo que habría que hacer es buscar a revés, que artistas y que gente tienes de capitales de conocimiento, llamémosles x, porque muchos de ellos trabajan en el mundo educativo, trabajan incluso en formatos de educación no formal y a partir de ahí repensemos qué podemos hacer. Experiencias como Video Nou, o Ateneu Nou Barris, u otro tipo de proyectos en Cataluña, pueden ser bastante claros de que esos proyectos ya eran proyectos comunitarios y que partían desde redes activistas y ahora es cuando se están repensando de esta forma.

Proceso y visibilidad
Una de las problemáticas que tiene o uno de los puntos más potentes a la hora de hablar de estos proyectos es que son invisibles o no tienen un beneficio directo para la institución cultural en un primer momento. Como estamos hablando del proceso, como estamos hablando de intercambio y de crear estructuras, eso es muy difícil después transportarlo o traducirlo en una exposición. O nos deberíamos plantear ¿cómo representamos esto?, entonces ¿qué pasa?, dentro de lo que es el mercado cultural y los que consumimos cultura estamos muy acostumbrados a ver objetos culturales, libros, conferencias etc. Y pensamos que esos son los objetos por los cuales podemos cuantificar el éxito o no de un producto o de un proyecto. Mientras que cuando estamos hablando de proyectos invisibles, donde el artista desapareces, donde lo importante es todo el proceso intersubjetivo y el cambio que hay de mentalidad, ¿cómo evaluamos esto?, sobretodo ¿cómo podemos legitimar que ese trabajo también está dentro de unos fondos para práctica artística?. Y yo creo que esta es la dificultad, negociar para decir bueno yo no he producido diez intervenciones en un barrio, pero que sepáis que gracias a una intervención que he hecho, a lo mejor efímera y a lo mejor procesal, se ha conseguido una estructura de trabajo en un barrio. ¿Cómo evaluamos esto y cómo lo legitimamos como política cultural? Yo creo que este es el reto

Negociación
Si hay estructuras y hay herramientas podríamos decir que analizan esto como una influencia del arte, realmente, en una transformación social más allá de la creación de un objeto o de un artefacto que digamos que es crítico. Y ese es el problema, que yo creo que es un problema de negociación con todos los interlocutores de las instituciones, y ya no solo las culturales como pueden ser museos, centros de arte, comisiones de arte, o bolsas para artistas, si no también dentro de lo que es la labor con institutos, con otro tipo de centros culturales, con planes de barrio o con ayuntamientos. Darse cuenta de que, a lo mejor, es un evento que construye una relación social muy potente para tres años y no es un evento de hacer un performance que sale en todos los periódicos, o que sale digamos, registrado en todas las revistas de arte. Y esto es un poco la lucha que hay que hacer. Darse cuenta de que estos procesos invisibles, a la larga, dan mucho mayor beneficio porque realmente transforman y dan cabida a que hayan muchos mas proyectos artísticos.

Comunidad versus Barrio
La diferencia por la que yo hablo de comunidad ó de barrio puede ser, primero porque de donde yo vengo, mi marco teórico viene del contexto anglosajón, donde se habla más de comunidad y segundo, porque creo que hablar de barrio, a veces, puede ser muy limitador. Aboga por un concepto de territorialidad muy físico y que termina siendo un particularismo, termina siendo muy particular porque sólo los artistas o la gente de un barrio pueden hablar, que es lo que hablaba antes del problema de reducir la lucha. Pienso que hablar de comunidad puede ser más interesante en el sentido de una comunidad, claro, que no sea territorializada, o sea que no esté asentada en un lugar, en un territorio y también que sea una comunidad de aprendizaje abierta, es decir, para mi comunidad también es el artista, el artista también es miembro de la comunidad, igual que lo puede ser un agente social o incluso el interlocutor. Para mi el concepto de comunidad es un concepto mucho más disperso y mucho más diferencial que se va construyendo en proceso. No es una comunidad como “la comunidad de vecinos de” o la comunidad de gitano, o la comunidad X, si no que es la comunidad que se construye en ese momento para determinado proyecto.
Mientras que barrio, aquí, en el contexto español, en mi opinión, está muy delegado a una regularización invertida desde arriba, impuesta incluso, por parte de la administración para decir hay determinado barrio, hay determinado barrio. Entramos en un mecanismo político de distribución, tenemos X dinero, lo invertimos de tal forma y en determinados barrios. Y a determinados barrios les damos determinado dinero o inyección económica para cultura.
Entonces ¿qué pasa? Que muchos barrios parecen ganar en este tipo de intercambio o incluso de bolsa de mercado de valores. Mientras que yo pienso que si se hiciese un trabajo más desde comunidades, incluso de comunidades que van cambiando de barrio y que son dinámicas o que son descentralizadas, podríamos romper este tipo de imposición vertical y jerarquizada por parte de la administración. Un ejemplo claro es cuando yo investigué en Chicago o en algunos barrios de Londres donde la inversión económica de dinero artístico se hace o no a raíz de cómo son los barrios y a raíz de análisis hechos desde arriba: este barrio necesita artistas chicanos porque es un barrio chicano, este barrio necesita artistas asiáticos porque hay una comunidad asiática. Y mi pregunta es ¿por qué y hasta qué punto eso no relega y no parcela mucho más la ciudadanía y en el fondo lo que hace es controlar mucho más la emergencia de una resistencia que puede ser más dinámica? Y es donde yo me planteo: hasta que punto no sería más interesante hacer un trabajo entre barrios en el que haya comunidades flotantes y hayan agentes locales que patrocinen el intercambio.

Victimización de las comunidades
El hecho de intentar romper el esquema de una comunidad cerrada o localizada en un barrio, hace pensar de nuevo en negociar qué constituye una comunidad y que constituye que se pueda pertenecer a ella. Entonces, claro, si vamos incluso renegociando nuestro concepto de comunidad, en el fondo lo que estamos renegociando es el concepto de qué política cultural queremos para trabajar. Es decir, si renegociamos el concepto de inmigrante como “nou vingut”, o el concepto de gitano, o el concepto de extrarradio, o el concepto de latin king, o el concepto de pandilla urbana y nos damos cuenta de que pandillas urbanas siempre ha habido y siempre habrá y que no es un fenómeno tan efervescente de ahora, si no que antes los chavales en los pueblos tenían sus pandillas, entonces podemos tratar de trabajar de otra forma las políticas culturales y no sesgar a las comunidades. El problema es que hay victimización de las comunidades, algunas comunidades siempre necesitan dinero y por tanto hay una ayuda paternalista sobre ellas, y por otro lado hay criminalización, hay los dos polos, por un lado se criminaliza a ciertas comunidades y se piensa que se tiene que intervenir sobre ellas, que lo importante es domesticarlas o domarlas respecto a unos ciertos valores que mantenemos a nivel eurocéntrico y eso es un grave problema porque en el fondo lo que estamos haciendo es parcelando la identidad de las personas y como se agrupan, cuanto mayores parcelaciones hayan, según nuestros conceptos, más se regulan las políticas y más se regulan las políticas culturales, por lo tanto no se deja espacio para la crítica , la resistencia o la trasgresión.

Pertenencia al Barrio
Creo que lo que hay que pensar es siempre cómo unir los diferentes nodos a nivel territorial para hacer que la lucha que ellos tengan sea una lucha global y no tanto “yo como pertenezco de tal parroquia de tal barrio, o tal asociación de vecinos de tal barrio, estos son mis problemas y no los quiero compartir y pienso que sólo tiene que ser a nivel particular o micropolítica”. Yo pienso que el salto es de esta micropolítica a una macropolítica, Es decir, vale, nosotros como barrios diferentes nos podemos juntar y hacer realmente una reivindicación global y no tanto una reivindicación parcelaria, porque entonces estoy constriñendo a que mi comunidad, la que por ejemplo se agrega a una iglesia, a una parroquia, tenga un radio de acción muy constreñido de 300, 400 metros cuadrados, y la pregunta es: ¿en los tiempos de mas movilidad queremos eso?, ¿queremos que hayan chavales que, por ejemplo, tengan miedo a salir de la mina?, ¿queremos que hayan chavales que tengan miedo de ir a Roquetas o a “Prospe”, porque se supone que hay luchas de bandas callejeras?, ¿eso es lo que queremos?, o al revés, ¿ queremos es que vayan allá , negocien, vean que valores hay y tengan una idea más compleja y por lo tanto, más critica, sobre la ciudad?. Yo creo que esa es la parte de trabajo, y creo que va a haber, en mi opinión, un cambio generacional, porque en los setenta y en los ochenta, podríamos decir que el trabajo era mucho más localizado. Era mucho más a pie de tierra y era mucho más lo que se decía “la lucha de la calle”, reivindicar este espacio porque no lo tenemos. Pero ahora que hemos conseguido nuestra reivindicación de espacio, nos tendremos que dar cuenta de que este espacio está controlado a nivel global, por lo tanto se necesita una lucha a escala global, pero, insisto, sin perder la escala local al mismo tiempo, y esta es la tensión que yo creo que es necesaria.

Identidad de barrio
Para nada de hecho esta es la contradicción en que nos movemos todo este tipo de agentes, de que hablamos de identidad de barrio, cuando nuestras identidades están centralizadas. Es decir, yo ahora habito el barrio de gracia, pero a nivel de “intervención comunitaria” trabajo en el Raval, pero creo que este modelo se debería fomentar cada vez más. La idea de un modelo de interlocutor o de cambio, una persona que pueda ir a otros barrios a trabajar y tenga la sensibilidad necesaria para hacerlo. Pero claro, a nivel personal a mi me ha costado ocho meses de trabajo en una entidad local, para darme cuenta de cómo se puede trabajar con esta entidad, por lo tanto ha sido un aprendizaje.
Bueno nosotros a nivel de políticas de acción, hay un marco claro que parecerá una bobada, pero es sacar a la gente de barrio, sobretodo el trabajo con jóvenes, fuera de barrio (Maza: pero eso lo hacía la iglesia).también, pero nosotros intentamos no imponer, o negociar nuestros valores. Cierto que había una serie de misiones pedagógicas, incluso con rintinín, que ya la iglesia, la parroquia más de izquierdas o la más social hacía. Pero a nosotros lo que nos interesa realmente es conectar que estos chavales tengan realmente la oportunidad de ver otros barrios y ver que también hay activación en otros barrios. Y eso es bastante importante, porque a partir de ahí puedes reconstruir que idea de barrio y de territorio se tiene, y a veces los saltos, que eso creo que es lo que actualmente no se tiene en cuenta, son más globales de lo que nos pensamos, o sea, hay chavales que están aquí, pero sus familias o sus referentes son paquistaníes o son referentes extra europeos y este salto es nuevo, por lo tanto con este salto también tenemos que negociar, y tenemos que hacerlo a nivel de qué tipo de trabajo hacemos y cómo asimilamos estos valores, que son de fuera, que no son centroeuropeos, cosa que yo creo que la iglesia no hacía.

Negociar a nivel de red
Se negocia a nivel de red, no sólo se negocia a nivel de trabajo con una persona o con un grupo de chavales o con un grupo de adultos. Se negocia repensando porqué estas personas están aquí, qué política tienen detrás, qué políticas generales se están haciendo, qué representaciones hay de estas personas y cómo podemos romper estas representaciones. Yo creo que hacer algún tipo de acto público donde se reencuentres las comunidades o cierto tipo de asociaciones, es muy importante, porque lo que hace es decirle a la gente “estamos aquí y somos esto, y no es ni blanco ni negro, es tan complejo como puedes ser tu”. Ese tipo de manifestación, que en un momento dado lo podía tener la iglesia pero era muy sesgada, creo que es un tipo de manifestación que se debe tener en cuenta. Pero no estoy hablando de hacer un festival multicultural etc. Pero si repensar que en ciertos proyectos, los interlocutores con otras comunidades, deberían estar dentro del proyecto y que deberían ser ellos mismos los que generen traspasar su comunidad.

Políticas de identidad caducas
Yo creo que es muy importante todo el trabajo a nivel intercultural e intergeneracional, que no se está dando y creo que es un grave problema. Se están dando políticas de identidad muy de los ochenta, de representar una identidad fuerte, una identidad digamos pasional “soy un latin king” o “soy un chaval de Roquetas” o “soy un abuelo de cierto barrio y estoy orgulloso de esta cultura”, pero yo creo que corremos el riesgo de particularizarla y de no decir “vale, soy esto pero soy más cosas, y tengo esa oportunidad de serlo. Es decir, tengo la oportunidad de ser un joven de Trinitat vella, de Roquetas o de Poble Nou, pero también tengo la oportunidad de ser un joven en el Raval y de tener un trabajo, incluso de salir de Barcelona”. Y esa es la renegociación que se debería de hacer. El problema es que hay muchos videos y muchos trabajos comunitarios que se establecen dentro de un límite muy parcelario, grabo mi barrio, hablo sobre mi barrio y represento mi barrio, pero mis colegas, mis amigos y mi comunidad cerrada. Y yo pienso “no. Haz eso pero después háblalo con otros amigos, con otros colegas, crea un festival para que otra gente entienda lo que tu estás haciendo y ponte en contacto y a partir de ahí, de lo loca, se puede extrapolar a un trabajo más global y no quedarnos en la primera fase. Es el problema que veo en muchos proyectos comunitarios de intervención, se quedan en una fase de producción, de reforzamiento identitario, de “empowerment” como dice mucha gente, pero no se pasa a un segundo paso de circulación, de articulación, de trabajo con otras comunidades, de estructuración. Claro, eso sólo se da cuando tienes un trabajo continuado de, al menos uno o dos años. Y este es el problema, que la administración, a los trabajadores culturales, nos imponen siempre datos de entrega, proyectos, subvenciones, informes finales de, al menos, cuatro o cinco meses, y dices cómo construyo una política cultural sostenible a largo plazo si mi trabajo está constreñido o aislado a una intervención de tres o cuatro meses. Cómo puedo tener un desarrollo a largo término que realmente implique una transformación profunda. Por eso ya digo de trabajar con las redes locales, en ese sentido.

Relación bidireccional entre arte y comunidad
Mi trabajo realmente tiene que ver en los trasvases entre ambas dimensiones, entre entender qué hace un artista y qué puede aportar un artista incluso como pedagogo, desde el punto de vista de que dota de unas herramientas, de visiones y de metodologías por un lado, y por otro lado, qué puede aportar un centro local o un trabajo más social, para establecer dinámicas de intercambio con las herramientas que dota el artista pero también con las mismas que ellas tienen.
A mi lo que me interesa es ver eso cómo se articula. A veces puede ser una emergencia que produce un barrio o una entidad social, pero a veces también puede ser una emergencia que produce un artista, y lo que me interesa entonces es ver como determinados proyectos artísticos, cómo trabajan a nivel de pedagogía, sobretodo a nivel de pedagogía crítica, en el sentido de democratizar el conocimiento y trabajar una política cultural, y cómo eso se puede establecer con determinadas políticas culturales, tanto de la educación popular, como de todos los movimientos sociales , incluso de la Institución libre de enseñanza, que son modelos que ya tenemos, y cómo podríamos articular eso para darle de nuevo un sentido diferente al que se está trabajando, por lo tanto siempre hay un punto intermedio.

Necesidad de generar un nuevo vocabulario
Hablamos de los artistas como talleristas, que parece que sólo dan cierto conocimiento técnico. O sea, hacer un taller de fotografía es que venga una persona a explicarme cómo se revela, qué es un macro, qué es un micro y ya está, y no qué es un proyecto artístico. Entonces yo creo que precisamente el grado de discusión y de aprendizaje que tendríamos que hacer mutuo es entender qué está haciendo el mundo artístico y qué puede aportar una práctica artística como una práctica de crítica cultural, por un lado, y por otro lado qué puede aportar una entidad social con una práctica tanto de crítica cultural como de metodología social, y esto todavía no se está dando. No se está dando ni una formación para artistas ni, desgraciadamente no se está dando una formación en el mundo más social o de la gente que trabaja a nivel educativo, sobre lo que realmente puede aportar un artista. Yo creo que habría que aglutinar ambos espacios, no es ni una cosa ni la otra, sería como “si queréis, crear un tercer espacio, que surge de la confluencia de ambos mundos, y que crea un nuevo vocabulario”. Si consiguiésemos que se crease ese nuevo vocabulario, y por lo tanto estos nuevos discursos, entonces si que habría una transformación tanto social, como política, como cultural, y eso es el reto, entender que un educador social no tiene que hablar de tallerista, tiene que hablar de artista o, incluso, de trabajador cultural. Y también que un artista no tiene que hablar ni de monitor o de educador de forma despectiva. Esos son los dos ejes sobre los que se debería de vertebrar el trabajo, y ese es el mayor reto.
Yo creo que la participación es más un medio que un fin y todo el mundo lo está utilizando como si fuese el fin y la salvación para todo. Y yo creo que más que participación tendríamos que hablar de mecanismos de participación y sobretodo de qué quiere decir la participación y hasta qué grado estamos hablando de participación. La participación se ha convertido como en la panacea, todo el mundo dice que hace un proyecto participativo y por lo tanto ya va a tener unos resultados. Y yo creo que se debería hablar más de negociaciones y de mecanismos mediante los cuales se incluye y se excluye a la gente, y a partir de ahí repensar qué es la participación, de hecho creo que la participación en si no existe,
Que es una entelequia de la que todo el mundo habla de ella, como de un fantasma, la participación es buena, pero nadie se pone a trabajar sobre los riesgos, las contradicciones de participar. Yo creo que es un término que habría que poner muy en duda actualmente.
Lo mismo que con participación, sostenibilidad, yo creo que hasta qué punto queremos que las cosas sean sostenibles. Porque sostenible quiere decir que yo planto algo y esto se desarrolla y yo puedo desaparecer. O sea, yo siembro algo, esto se articula, se desarrolla y es autónomo. Por tanto sostenibilidad quiere decir sobre todo tener en cuenta la capacidad de que esto que se pone en marcha sea independiente, totalmente autónomo y sobre todo, que es lo más difícil, que realmente se puede poner en mi contra.
La sostenibilidad no tendría que se sólo “dependes de mi como red y por tanto eres sostenible” si no “eres sostenible hasta el punto que puedes ser crítico con lo que yo hago”. Y este es el problema realmente, que es un problema prácticamente de crítica emancipatoria, hacia uno mismo.

Concepto de Mediación
Mediar es muy interesante, porque mediar quiere decir que no se media de uno a uno, de dos a dos, o en proporciones restringidas, si no que mediar siempre quiere decir que alguien negocia para que se quede algo el otro, pero a cambio el otro deja algo para ti. Por lo tanto deberíamos hablar siempre de un intercambio y una negociación sobre la mesa, y no tanto la mediación como alguien que media y trasvasa unos valores y esos valores son siempre como una comunicación entera o completa de uno igual a uno, si no que deberíamos estar hablando de uno no es igual a uno y por lo tanto, cómo seguimos mediando.

Concepto de Negociación
Buena pregunta ¿qué significa para mi negociar? Para mi negociar significa sobretodo cuestionar los propios valores y los propios discursos que uno lleva sobre un proyecto concreto, y sobretodo cómo podemos cuestionarnos hasta que punto uno los lleva porque representa a o porque pertenece a cierto tipo de discurso o práctica incluso profesional. Por lo tanto negociar siempre supone decir quién eres tu, qué haces tu y que estamos aprendiendo, como primer paso inicial, pero sobre todo, cómo cambiamos eso en el proceso, qué hemos estado aprendiendo como colectivo y entonces qué negociamos, o qué transgredimos cuando hacemos este proyecto. Por lo tanto negociar es no sólo poner las cosas sobre la mesa, si no, esto que hemos puesto, saber que hay un riesgo de que se pierda, se diluya o que surja algo totalmente nuevo. Por lo tanto digamos que la negociación es siempre un intercambio y una transgresión.

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